Cuando el equipo de fútbol Real Lince tuvo en sus filas a un chico flaco y chato, llamado Eduardo, que le decían Lalo de cariño o de flojera, un habilidoso con la pierna derecha y guerrero hasta la muerte por la pelota, nunca pensaron que ese chico podía terminar estudiando en una universidad. Soñaba cada noche sobre mi juego del día siguiente y después de jugar soñaba cómo pudo haber sido mejor. Pero nunca me imaginé siendo universitario y persiguiendo un sueño más ambicioso y difícil, que es ser el mejor redactor creativo de publicidad en el mundo.
Llegué sin pena ni gloria a la universidad. Bueno, a decir verdad, más con pena que otra cosa. Por tener una inclinación al fútbol y un posible talento que nunca llegó a ningún lado, terminé engrosando las filas de aquellos estudiantes que se encuentran en el limbo estudiantil que es la academia preuniversitaria. Sin embargo, tampoco la tomé en serio, y pase a divertirme más en la academia que en el colegio, renegaba mi posición de no ingresante así que me acomodaba lo mejor que podía. Luego de algunos intentos fallidos, pude ingresar por la Ceprepuc a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Aún ahora dudo si es que hubo alguna gloria en eso, porque por más que ingresé como uno de los veinte mejores, nunca me esforcé como para los exámenes de admisión.
Ya en la PUCP había que tomar un rumbo de carrera, que nunca estuvo claro porque estudiar fue pesado, y estudios generales letras era deprimente si no fuera por la falta de responsabilidad que había en el ambiente. Tuvo que pasar un tiempo para darme cuenta lo importante que fue esa etapa en mi perfil profesional. Aún cuando en el colegio gané un premio de literatura por escribir una pequeña historia para un concurso entre todos los Trilces de Lima, no me vi como literato ni escritor. Es más, nadie me veía así. Me agobiaba pensar en solo crear textos, cuando las imágenes pueden ser tan provechosas. Además mis ideas eran demasiado estúpidas como para ser puestas en papel medio amarillo y con una tapa encima. Ya habiendo pasado un tiempo me encontré con la carrera de Publicidad, una práctica que siempre me había atraído pero no tenía la menor idea de que se tenía que estudiar para trabajar en eso. Fue amor a primera vista, una carrera en la que te pagan por hacer realidad tus ideas, por más extrañas que puedan parecer.
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